Domingo, 11 Diciembre 2016  
1ª Iglesia Cristiana Evangélica de Colmenar Viejo (Madrid)
4 Leyes
Escrito por Administrator   
Martes, 29 de Noviembre de 2016 12:41

4 LEYES

(Todos los textos empleados en este artículo han sido sacados de la Biblia de Estudio Siglo XXI, versión Reina Valera Actualizada)

 leyes espirituales

1. PRIMERA LEY

Dios te AMA y tiene un PLAN MARAVILLOSO para tu vida.

El Amor de Dios

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, más tenga vida eterna" (Juan 3:16)

El propósito de Dios

Cristo afirma: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Juan 10:10b)

¿Por qué la mayoría de las personas no experimentan la vida en abundancia?

2. SEGUNDA LEY

Porque el hombre es PECADOR y está SEPARADO de Dios; por lo tanto no puede conocer ni experimentar el amor y el plan de Dios para su vida.

El hombre es pecador: "Porque todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios" (Romanos 3:23). El hombre fue creado para tener relación perfecta con Dios, pero debido a su egocentrismo y desobediencia, escogió su propio camino, y la relación con Dios se interrumpió. Éste acto de volunbtad propia que se manifiesta por una actitud de rebelión activa o indiferencia pasiva, es una evidencia de lo que la Biblia llama pecado.

El hombre está separado: "Porque la paga del pecado es muerte" (separación espiritual de Dios) (Romanos 6:23)

Ley 2

Dios es santo y el hombre pecador. Un gran abismo les separa. El hombre trata continuamente de encontrar a Dios y la vida abundante mediante su propio esfuerzo, "no haciendo mal a nadie", con una vida recta, con filosofías, etc., pero todas sus tentativas son en vano.

La tercera Ley nos da la única solución a este problema:

3. TERCERA LEY

Jesucristo es la ÚNICA provisión de Dios para el pecador. Solo en Él puedes conocer el Amor y el propósito de Dios para tu vida.

Él murió en lugar nuestro: "Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos 5:8).

Él resucitó: "Cristo murió por nuestros pecados... fue sepultado... resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; que apareció a Pedro y después a los doce. Luego apareció a más de quinientos hermanos a la vez" (1 Corintios 15:3-6).

Él es el Único Camino: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6).

Ley 3

 Dios ha salvado el abismo que nos mantenía separados de Él al enviar a Su Hijo Jesucristo, para que muriera en la cruz en nuestro lugar.

No es suficiente conocer estas tres leyes:

4. CUARTA LEY

Debemos RECIBIR a Jesucristo como Señor y Salvador mediante una invitación personal; entonces podremos conocer y experimentar el amor y propósito de Dios para nuestras vidas.

Debemos recibir a Cristo: "Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho a ser hechos hijos de Dios" (Juan 1:12).

Recibimos a Cristo por Fe: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No es por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2:8-9).

Recibimos a Cristo mediante una Invitación Personal: (Cristo afirma): "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo" (Apocalipsis 3:20). El recibir a Cristo implica volvernos a Dios (arrepentimiento), confiando que Cristo viene a nuestras vidas, perdona nuestros pecados y hace de nosotros la persona que quiere que seamos. No es suficiente dar un asentimiento intelectual a sus pretensiones, ni aun tener una experiencia emocional.

Ley 4

¿Cuál de estos dos círculos representa tu vida? ¿Cuál te gustaría que representara tu vida? ¿Tienes alguna razón por la cual no deseas recibir a Cristo ahora?

A continuación se explica como puedes recibir a Cristo:

PUEDES RECIBIR A CRISTO AHORA MISMO MEDIANTE LA FE EXPRESADA EN UNA ORACIÓN (la oración es hablar con Dios).

Dios conoce tu corazón y no tiene tanto interés en tus palabras, sino más bien en la actitud de tu corazón. Te sugiero como guía la siguiente oración: "Señor Jesucristo, te necesito. Te abro la puerta de mi vida y te recibo como mi Señor y Salvador. Gracias por perdonar mis pecados. Toma el control del trono de mi vida. Hazme la clase de persona que quieres que sea".

¿Expresa esta oración el deseo de tu corazón? Si lo expresa, ora ahora mismo y Cristo vendrá a tu vida como Él lo ha prometido.

¿Cómo estar seguro de que Cristo mora en su Vida?

¿Invitaste a Cristo a entrar en tu vida? Según su promesa, contenida en Apocalipsis 3:20 ¿Dónde está Cristo ahora en relación contigo? Cristo dijo que entraría en tu vida ¿Te engañaría? ¿Sobre que autoridad te basas para saber que Dios ha contestado tu oración? En la Fidelidad de Dios y Su Palabra.

La Biblia promete Vida Eterna a todos los que reciben a Cristo:

"Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna" (1 Juan 5:11-13).

Da frecuentemente gracias a Dios porque Cristo ya está en tu vida y porque Él nunca te dejará (Hebreos 13:5). Puedes saber que Cristo está viviendo dentro de ti y que tienes vida eterna, desde el momento en que le invitaste, basándote en su promesa. Él no te engañará.

¿Qué pasa con los sentimientos?

No depende de los sentimientos:

La Promesa de la Palabra de Dios, no nuestros sentimientos, es nuestra autoridad. El cristiano vive por fe confiando en la fidelidad de Dios y Su Palabra. Este diagrama del tren, ilustra la relación entre el hecho (Dios y Su Palabra), la fe (nuestra confianza en Dios y Su Palabra) y los sentimientos (el resultado de nuestra fe y la obediencia) (Juan 14:21)

hecho fe sentir

El tren correrá con o sin el furgón. De todas formas, sería absurdo intentar hacer correr el tren por el furgón. De la misma manera, nosotros, como cristianos, no dependemos de nuestros sentimientos o emociones, sino que ponemos nuestra fe (confianza) en la Fidelidad de Dios y las Promesas de Su Palabra.

Ahota que has recibido a Cristo:

En el momento que tú, por un acto de fe, recibiste a Cristo, han sucedido muchas cosas, entre ellas las siguientes:

  1. Cristo entró en tu vida (Apocalipsis 3:20 y Colosenses 1:27).
  2. Tus pecados fueron perdonados (Colosenses 1:14).
  3. Has venido a ser un hijo de Dios (Juan 1:12).
  4. Has empezado la gran aventura para la cual Dios te ha creado (Juan 10:10; 2 Corintios 5:17 y 1 Tesalonicenses 5:18).

¿Puedes pensar en alguna cosa más maravillosa que te haya podido suceder y más importante que recibir a Cristo? ¿Te gustaría dar gracias a Dios ahora mismo por lo que Él ha hecho por ti? El simple hecho de darle gracias a Dios demuestra tu fe.

¿Y ahora qué?

Sugerencias para el crecimiento cristiano:

El crecimiento espiritual es resultado de confiar en Jesucristo. "El justo vivirá por fe" (Gálatas 3:11). Una vida de fe que te capacitará para confiar en Dios progresivamente en cada detalle de tu vida y a practicar lo siguiente:

C onversa con Dios en oración diariamente (Juan 15:7)

R ecurre a la Biblia estudiándola diariamente (Hechos 17:11). Empieza en el Evangelio de Juan.

I nsiste en confiar a Dios cada aspecto de tu vida (1 Pedro 5:7).

S é lleno del Espíritu de Cristo. Permítele vivir su vida en ti (Gálatas 5:16-17; Hechos 1:8).

T estifica a otros de Cristo verbalmente y con tu vida (Mateo 4:19; Juan 15:8).

O bedece a Dios momento a momento (Juan 14:21).

La importancia del compañerismo cristiano:

En Hebreos 10:25 se nos amonesta: "no dejando de reunirnos". Varios troncos de árbol arden fuertemente cuando están juntos, pero al separarlos se apagan. Lo mismo acontece en tu relación con otros cristianos. Si no perteneces a ninguna iglesia, no esperes a ser invitado: Toma la iniciativa; llama o visita a un ministro de Dios en una iglesia cercana en donde se exalte a Cristo y se predique fielmente Su Palabra. Empieza esta semana y haz planes para asistir a ella regularmente.

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HOMBRE Y MUJER EN EL PLAN DE DIOS (IV)

Estudio Nº 68

LA REDENCIÓN

por DAVID F. BURT

(Publicado en la revista EDIFICACIÓN CRISTIANA, Mayo - Agosto 2010. Nº 244. Época X. Permitida la reproducción total o parcial de esta publicación, siempre que se cite su procedencia y autor.)Pareja mirando las estrellas

A partir de la caída en pecado, el resto de la narración bíblica es la historia de cómo Dios intervino para redimir al hombre del pecado y de sus terribles efectos. Esa intervención divina tuvo su culminación en la obra redentora de Cristo.
Los evangelistas no registran ninguna enseñanza explícita de Jesús acerca de cómo su obra redentora debe afectar a las relaciones entre hombre y mujer. Pero a través de su ejemplo vemos claramente un retorno a la situación que existía antes de la caída, es decir, un hermoso equilibrio entre los dos principios que ya hemos señalado: por un lado, la igualdad de varón y mujer en dignidad ante Dios; y por otro, el liderazgo del varón. Jesús defendía los derechos de la mujer, tanto en teoría (considerar, por ejemplo, su enseñanza sobre el divorcio: Mateo 5:31-32; 19:1-9), como en la práctica (por ejemplo, su trato a la mujer adúltera: Juan 8:1-11). Enseñaba indistintamente a hombres y mujeres y recibía el servicio de ambos. Después de la resurrección, apareció antes a las mujeres que a los hombres. Después de la ascensión, envió al Espíritu igualmente sobre hombres y mujeres (cf. Hechos 1:14; 2:1, 4). Y en todo momento, mostró a ambos un trato exquisito que respetaba su dignidad y responsabilidad como seres humanos, atendía a sus necesidades y reflejaba la justicia y el amor de Dios. Escuchando a Jesús en sus conversaciones tanto con hombres como con mujeres, con Nicodemo o con la mujer samaritana, con Lázaro, Marta o María, llegamos a la conclusión de que para él no había diferencia ni discriminación: todos eran iguales en valor ante él.
Sin embargo, sus doce discípulos eran varones todos ellos. Fueron éstos los que recibieron la gran comisión (la cual se hace extensiva a todos los creyentes, varones y mujeres) y se establecieron como los líderes indiscutibles de la iglesia. En esto, es como si Jesús volviera a los tiempos anteriores a la caída, respetando el orden divino que concede el liderazgo al varón.
Pero lo que es sólo implícito en el ejemplo de Jesús se hace explícito en la enseñanza de los apóstoles. Si nuestra interpretación de los primeros capítulos de Génesis es correcta, esperaríamos encontrar en el Nuevo Testamento precisamente aquella combinación de enseñanzas que encontramos en realidad:

- Por un lado, una enseñanza acerca de la plena igualdad de varones y mujeres como seres redimidos (dada explícitamente en Gálatas 3:28, pero sobreentendida en otros muchos lugares);
- Y, por otro lado, una enseñanza acerca del liderazgo del varón y la sumisión de la mujer.

Igualmente, esperaríamos encontrar precisamente aquellas exhortaciones a los esposos que de hecho encontramos:

- El Nuevo Testamento no exhorta a las mujeres a defender su igualdad emancipándose de la autoridad de sus maridos (lo cual sería confirmarlas en la distorsión de la caída), sino a someterse gozosamente a sus maridos como mujeres redimidas y regeneradas (en el Señor). De hecho, casi no sale en el Nuevo Testamento el tema de la mujer sin que los escritores se vuelquen en hablar de la importancia de la sumisión. El solo hecho de que la lista de tales exhortaciones sea sorprendentemente larga (Romanos 7:2; 1 Corintios 11:3-10; 14:34-35; Efesios 5:22-24, 33; Colosenses 3:18; 1 Timoteo 2:11-15; Tito 2:5; 1 Pedro 3:1-6), sugiere que, lejos de ser una enseñanza menor, el retorno a la gozosa sumisión de Génesis 1 y 2 constituía para ellos un énfasis primordial y una de las marcas más importantes de la mujer auténticamente convertida.
- El Nuevo Testamento no exhorta a los maridos a que renuncien a su autoridad como cabezas de sus hogares, sino a que la ejerzan con amor y sin espíritu de imposición y violencia (Efesios 5:25-28; Colosenses 3:19; 1 Tesalonicenses 4:4; 1 Pedro 3:7).

En otras palabras, el Nuevo Testamento no exige a los esposos que renuncien a la autoridad masculina y a la sumisión femenina como cosas  aberrantes fruto de la caída, sino que vuelvan a los auténticos conceptos de autoridad y sumisión que vemos en la creación. El antídoto a las  deformaciones de la caída consiste en esto: Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas (Colosenses 3:18-19).
De hecho, si comprendemos correctamente los propósitos iniciales de Dios en la creación, así como los estragos de la caída y los verdaderos rasgos de la restauración en Cristo, entonces no es difícil entender ninguna de las enseñanzas del Nuevo Testamento acerca del papel del varón y mujer en el hogar y en la iglesia. Sólo es cuando presuponemos que la intención original de Dios es la plena igualdad de varón y mujer a todos los efectos, y que los principios de autoridad y sumisión son aberraciones causadas por la caída, cuando los textos del Nuevo Testamento resultan difíciles de entender. O, para decir lo mismo de otra manera, no existen mayores dificultades (¡menores, sí!) en la interpretación de estas enseñanzas, siempre que las leamos a la luz del marco bíblico de la creación, la caída y la redención. En cambio, resulta enormemente difícil entenderlas si suponemos que la sumisión es un abuso inaceptable resultante de la pecaminosidad humana. Entonces, si queremos ser consecuentes, tenemos que lograr explicar cómo el Nuevo Testamento enseña justo lo contrario de lo que tendría que haber enseñado: que en Cristo el marido ya no es cabeza de su mujer y la mujer no tiene porqué someterse a su marido. Tenemos que suponer que estas enseñanzas no tienen valor universal, sino que son meran concesiones (¡o inconsecuencias!) hechas al contexto cultural del siglo primero. Tenemos que suponer que aquellos mismos apóstoles que rompieron moldes de una manera valiente cuando el evangelio chocaba con otros prejuicios culturales, no se atrevieron a decir la verdad en torno al tema de la mujer.

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Última actualización el Lunes, 24 de Octubre de 2016 12:09
 
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