Martes, 17 Julio 2018  
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El Segundo Mandamiento PDF Imprimir E-mail
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Lunes, 09 de Julio de 2018 17:12

LOS DIEZ MANDAMIENTOS (III)

EL SEGUNDO MANDAMIENTO (Éxodo 20:4-6; Deuteronomio 5:8-10)

ESTUDIO Nº 76

por PABLO WICKHAM

(Publicado en la revista EDIFICACIÓN CRISTIANA, Septiembre - Octubre 2011. Nº 250. Época X. Permitida la reproducción total o parcial de esta publicación, siempre que se cite su procedencia y autor.)

I. INTRODUCCIÓN
Con la excepción del cuarto mandamiento, éste es el más largo y explícito, y el único que especifica el castigo si es desobedecido. Comparte con el cuarto el contener una recompensa explícita por la obediencia, lo que subraya su importancia para Dios. Afirma claramente la espiritualidad del Eterno, demandando implícitamente la pureza en la adoración, anticipando textos como Juan 4:23-24.

¿Cuál es la relación entre este mandamiento y el primero?
Dice E. Schaeffer que “el primer mandamiento establece claramente el hecho de que no existe ningún otro Dios… el segundo trata acerca de la adoración a ese Dios, en contraste con la adoración a ídolos”¹. (énfasis nuestro).

Lutero escribió algunas de sus exposiciones más bellas acerca del Decálogo. Afirmó que si el primer mandamiento conlleva la necesidad que tenían tanto el israelita del AT como el cristiano bajo el Nuevo Pacto de poder confiar de forma absoluta en el Único en quien se puede depositar tal confianza, el segundo explicita tal confianza por vía de contraste, al plantear la alternativa terrible de depositar de depositar esa confianza en algo o alguien que no sea ese Único. El primer mandamiento –decía – nos conduce a la plena libertad espiritual porque define quien es y cómo tiene que ser el hombre en relación con Dios; el segundo le previene al hombre contra la esclavitud a otro ser o seres, objetos o prácticas que niegan al Dios verdadero.
El teólogo y eticista Paul Lehmann puntualiza otro aspecto del contraste entre los dos primeros mandamientos: el primero identifica claramente al Dios verdadero por su Nombre inefable, YHWH-Adonai, el único Creador y Redentor; el segundo, contempla la pérdida o vaciamiento de sentido de ese Nombre al colocar en su lugar otros “nombres” que son vacíos de realidad y poder espiritual. Así, el incumplimiento de este mandamiento catapulta al ser humano a la esclavitud y la imposibilidad de realizarse plenamente, además de una búsqueda febril de algún sustituto que colocar en el lugar del Único que le puede dar plena satisfacción. También priva a sus descendientes del beneficio de conocer y servir al Dios verdadero, trayendo sobre ellos la maldición de la ley quebrantada.
Comenta Lehmann el término de la “trivialización del Nombre” que empleó Lutero respecto al segundo y tercer mandamientos. Mientras el tercero trata de la profanación del Nombre, el segundo trata de la justicia o vida justa que deben manifestar los que llevan ese Nombre. Citando en parte a Lutero, afirma que “ir por el mundo llevando el Nombre de Dios como si no hiciese ninguna diferencia, descubre por contraste la verdadera diferencia que ha de haber, porque la vida justa (=la que se ajusta a las demandas divinas), es la señal visible que el corazón y sus expresiones externas han sido conducidos y dirigidos hacia la correcta relación con Dios”.²
Dicha “trivialización”, por supuesto, no la comentan los que no profesan ninguna lealtad al que lleva el Nombre, sino los que sí lo llevan – aunque sea de labios para afuera –, pero se comportan como si no les importara. Hasta podemos afirmar que ese menoscabo negligente lleva a una auténtica distorsión de la intención original del mandamiento, que a su vez conduce a la trágica dicotomía entre la verdadera religión bíblica (=relación) y la conducta ética de los que profesan ser creyentes. Todavía se comete dicha dicotomía en varias formas hasta el día de hoy (véase punto IV).

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Última actualización el Lunes, 09 de Julio de 2018 17:21
 
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