Lunes, 10 Agosto 2020  
1ª Iglesia Cristiana Evangélica de Colmenar Viejo (Madrid - España)
Estudios VII PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Lunes, 21 de Octubre de 2019 17:54

LOS DIEZ MANDAMIENTOS (VIII)

EL SEXTO MANDAMIENTO: LA DEFENSA DE LA VIDA

ESTUDIO Nº 81

por ESTEBAN RODEMANN

(Publicado en la revista EDIFICACIÓN CRISTIANA, Septiembre – Octubre 2012. Nº 255. Época X. Permitida la reproducción total o parcial de esta publicación, siempre que se cite su procedencia y autor.)

Mahatma Gandhi luchó por la independencia de la India con medios no violentos, inspirándose con la idea de que “de todos los dones que nos han hecho, el de la vida es sin duda el más precioso”. Jesucristo ya había dicho algo parecido: “¿Qué aprovecha al hombre si gana todo el mundo, y se pierde a sí mismo?” (Lc.9:25). No hay tesoro más precioso que la vida misma. Hasta el diablo reconoce el principio: “Todo lo que el hombre tiene dará por su vida” (Job 2:4). Si la vida es un don tan valioso, esto implica el rechazo de cualquier cosa que atente contra ella. Es el trasfondo detrás del sexto de los diez mandamientos: “no matarás” (Ex.20:13; Deut.5:17).

Lo que Dios pide del hombre refleja su propio carácter y la realidad del mundo que Él ha creado. El ser humano, que lleva su imagen y semejanza, tiene una deuda terna con Aquel que le ha dado existencia. Los diez mandamientos son leyes “naturales” porque surgen de la naturaleza misma de las cosas. Existían incluso antes de ser promulgadas oficialmente: Caín era guarda de su hermano – y su homicidio un crimen – mucho antes de anunciarse el “no matarás” en Sinaí¹. La manera en que fueron entregados los diez mandamientos confirma la importancia que tienen: con voz audible, con fenómenos terroríficos, con la presencia de ángeles, y siendo escritos por Dios mismo en tablas de piedra. Resumen la esencia de cómo el ser humano ha de andar en relación con su Creador. El hecho de la redención (la liberación de Egipto como anticipo de la liberación del pecado) añade urgencia: el que conoce a Dios como Salvador se preocupará sobremanera por agradarlo en todas las cosas.

El sexto mandamiento (“no matarás”) encabeza la segunda tabla de la ley y fundamenta nuestra obligación para con el prójimo². Jesucristo aclara en el Sermón del Monte que “no matarás” es una prohibición altamente espiritual: no se limita al asesinato material, sino abarca el odio y el insulto (Mt.5:21-26). Nos invita a vigilar las intenciones del corazón y nos estimula a buscar – de forma activa y decidida – vivir en paz con todas las personas. Jesús luego resume los diez mandamientos en dos: amar a Dios y amar al prójimo (Mt.22:37-40), de modo que la frase “no matarás” debe entenderse también como un “sí amarás”.

En los tiempos en que vivimos, el sexto mandamiento cobra relevancia por la manera en que arroja luz sobre algunas de las cuestiones sociales más polémicas, tanto a nivel de ética personal como de política gubernamental. Por un lado está el homicidio y el suicidio, luego el aborto y la eutanasia. La participación o no en la guerra, el uso de la violencia en defensa propia, el manejo de la fuerza por la autoridad establecida (llegando incluso a la pena capital, según la metonimia – “la espada” – del apóstol, Ro.13:4), todos estos temas plantean deberes apasionantes.

También hay otros asuntos relacionados, como la violencia doméstica, la pederastia, la tortura, la eugenesia, el genocidio, la mutilación y el tráfico de personas. La multiculturalidad, la reivindicación acérrima de la identidad étnica, los fundamentalismos religiosos (matar en nombre de Dios), en fin, todo lo que tiene que ver con los derechos humanos exige una correcta aplicación del binomio divino: “no matarás / sí amarás”. Hasta las campañas en defensa de los derechos de los animales a veces buscan su justificación en el sexto mandamiento³.

No disponemos de espacio suficiente para solucionar todos los dilemas éticos que surgen en torno al “no matarás”. Pero sí podemos trazar unas líneas orientadoras que nos aproximan a la intención del Señor.

Puedes seguir leyendo este Estudio o bajártelo en formato PDF en este enlace.

 

LOS DIEZ MANDAMIENTOS (IX)

EL SÉPTIMO MANDAMIENTO: NO ADULTERARÁS

ESTUDIO Nº 82

por FRANCISCO MIRA

(Publicado en la revista EDIFICACIÓN CRISTIANA, Noviembre – Diciembre 2012. Nº 256. Permitida la reproducción total o parcial de esta publicación, siempre que se cite su procedencia y autor.)

1.- La infidelidad vuelve a estar de moda.
En el inicio de este artículo, quiero hacer una serie de comentarios y reflexiones teniendo como referencia un interesante escrito aparecido en el periódico “El País”; en dicho artículo se aborda esta temática en una manera muy característica de lo que es la forma de pensar en nuestra sociedad, reflejando en parte la realidad y por otro lado creando opinión hacia actitudes que tienden a justificar y relativizar la cuestión de la fidelidad matrimonial.

La infidelidad en las relaciones matrimoniales en una sociedad cada vez más secularizada, sin temor de Dios, cada vez más relativista, que justifica lo que no es justificable y que confunde lo que es bueno con lo malo y lo malo con lo que es bueno, sí, por desgracia está de moda.

Algunos investigadores sugieren que la infidelidad creció durante las dos grandes guerras mundiales y a su finalización, mientras que otros no están de acuerdo. En cualquier caso, la infidelidad no amenaza exclusivamente al matrimonio. Aparece también en las parejas no casadas, sexualmente activas entre los 16 y los 45 años. EL PAÍS 25/9/2011

Internet se ha convertido en una plataforma potentísima para canalizar, normalizar y facilitar la infidelidad, nunca antes había sido tan sencillo; las dos citas del mismo artículo que siguen son para hacernos reflexionar:

“Nadie es inmune para comportarse potencialmente de una manera infiel”. Admite que la red puede estar detrás del aumento de la infidelidad, pero señala que, paralelamente, en la cultura de los países occidentales, los divorcios crecen en número. El matrimonio está en crisis. Los engaños se multiplican. EL PAÍS 25/9/2011

La infidelidad es una fuente de ingresos nada despreciable. La agencia Madison Ashley comenzó su andadura en Canadá hace una década. Según la empresa, cuenta con más de diez millones de miembros en todo el mundo y facturará 38 millones de euros este año (en España, tras un año de funcionamiento, ha logrado 350.000 miembros, el 64% hombres y el 36% mujeres, que permitirán unos ingresos estimados de cuatro millones de euros). EL PAÍS 25/9/2011

Los factores “anonimato” y “accesibilidad” característicos de la red, facilitan y estimulan la infidelidad y no podemos contradecir lo que de forma muy realista afirma el articulista de El País. Sí, nadie es inmune a la infidelidad, como cristianos debemos reconocer la gravedad del pecado en todos los seres humanos, y nuestra debilidad aún a pesar de estar en Cristo.

Pero no solo Internet es una plataforma potentísima, debemos recordar que nuestro país ostenta una de las cifras más preocupante de prostitución, que la convierte en otro factor perverso, nunca expresado con más propiedad

A.La frecuencia de la infidelidad

¿Es más frecuente ahora que en el pasado? Stephen Fide, profesor del departamento de Terapia familiar y Matrimonio de la Universidad de Nevada en Las Vegas, comenta ciertas inconsistencias en un informe extraído de diversas publicaciones científicas. La incidencia en el sexo fuera del matrimonio varía entre un ridículo 1,5 hasta el 50%, según qué encuestas se manejen…

…Los norteamericanos serían los más infieles (el porcentaje de los que admiten haber tenido sexo fuera de su pareja es de un 50%), seguidos de los británicos (42%), alemanes y mexicanos (40%), franceses (36%), y finalmente, los españoles (22%). Los adolescentes también se suman al engaño sexual: tailandeses, norteamericanos, griegos, checos y británicos. EL PAÍS 25/9/2011

Puedes seguir leyendo este Estudio o bajártelo en formato PDF en este enlace.

 

LOS DIEZ MANDAMIENTOS (X)

EL OCTAVO MANDAMIENTO: NO HURTARÁS

ESTUDIO Nº 83

por PABLO WICKHAM

(Publicado en la revista EDIFICACIÓN CRISTIANA, Enero - Febrero 2013. Nº 257. Permitida la reproducción total o parcial de esta publicación, siempre que se cite su procedencia y autor.)

LECTURAS: Ex.20:15; Deut.5:19; Lev.19:11-13

I. INTRODUCCIÓN.

 

1.- ¿Qué es hurtar?

A primera vista, la respuesta es fácil: quitar a alguien algo que le pertenece en contra de su voluntad. En todas las culturas y épocas este delito ha sido y es penado con menor o mayor severidad, desde las irrisorias multas de hoy en día, hasta la ley sharia musulmán, que corta la mano al ladrón, o las bárbaras leyes británicas del siglo XVIII, que ahorcaban a los cazadores furtivos. Es uno de los delitos más comunes en nuestro “civilizado” mundo, hasta tal punto que según las estadísticas de varios países occidentales, un porcentaje considerable de la población admite que lo ha cometido una o más veces. El dicho popular “Todo el mundo lo hace” parece justificarlo todo.

Pero abarca mucho más que el ladronicio o pequeño hurto. Lo comete quien sisa materiales de la oficina donde trabaja, o no paga a sus trabajadores lo suficiente o atrasa sus pagos, o el viajante comercial que engorda su cuenta de gastos, o pone precios abusivos a los productos que vende. También hurta quien evita pagar un billete de metro o autobús, o hace copias ilegales de originales con copyright, u omite datos negativos en su Declaración de Renta, o usa “chuletas” en un examen, y un largo etcétera.

2. Lo que implica

Comenta Edith Schaeffer: “(El mandamiento) quiere decir que hay legítimamente cosas que nos pertenecen y que alguien podría robar. Por lo tanto, (hay) un derecho legítimo a la posesión de ciertas cosas” (op. cit. pág. 47). La posesión de algo tiene dos facetas: la relación de una persona con las cosas que posee, y el derecho de usar y disfrutar de ellas. Algo va muy mal cuando se invierten los términos y se antepone el derecho de la posesión y el disfrute a la correcta relación con los bienes; equivale a usurpar el derecho del propietario legítimo.

El octavo mandamiento reconoce que el hombre, hecho a la imagen y semejanza de Dios, ha recibido del Creador ese derecho a poseer y usar ciertas cosas, entre ellas su propia persona, lo cual excluye el secuestro y la esclavitud en cualquiera de sus formas. Y entre las posesiones del hombre otorgados por el Creador se encuentra el derecho a ganarse la vida con su trabajo, y eso, ¡milenios antes de la Carta de la ONU! Son derechos consustanciales a la naturaleza del hombre, son como una extensión de su persona, y por eso, el atentar contra ellas es atentar contra el mismo dueño.

Esos derechos conllevan el correspondiente deber de reconocer y respetar las posesiones y el derecho de disfrute de las demás personas, por lo que las Escrituras no solo condenan sin paliativos el quebrantamiento de este mandamiento, sino demandan la inmediata retribución por delito cometido (Éxodo 22:1-15; Números 5:7; etc., y comparar Lucas 19:8).

Puedes seguir leyendo este Estudio o bajártelo en formato PDF en este enlace.

 

LOS DIEZ MANDAMIENTOS (XI)

NOVENO MANDAMIENTO: NO DARÁS FALSO TESTIMONIO CONTRA TU PRÓJIMO

ESTUDIO Nº 84

por PABLO WICKHAM

(Publicado en la revista EDIFICACIÓN CRISTIANA, Marzo - Abril 2013. Nº 258. Permitida la reproducción total o parcial de esta publicación, siempre que se cite su procedencia y autor.)

LECTURAS: Ex.20:16; 23:1, 3, 7, 8: Lev.19:11, 16; Dt.5:20.

I. INTRODUCCIÓN.

Conocer la verdad y poder vivir de acuerdo a ella con la ayuda de Dios es uno de los dones más preciosos que se nos ha dado a los creyentes. La pregunta de Pilato “¿Qué es la verdad?”, cuando Ésta, encarnada, estaba de pie delante de él, nos recuerda en qué se cifra la revelación que Dios da de sí mismo, en su Hijo y en su Palabra escrita, y desde esta perspectiva, podemos ver la realidad de todas las cosas. El mundo, que yace en el maligno y está en la oscuridad de la mentira de la que él es padre, solo conoce medias verdades que más bien sirven, cual telas de araña, para enmarañar y cegar más a los seres humanos, pero para el creyente, la Verdad nos ha hecho libres para conocer, amar y servir a Dios y al prójimo (Juan 8:44-47). La mentira es la “anti-verdad”, un desprecio a Dios quien es en sí la Verdad, y esta verdad no es algo abstracto, es una Persona (Efe.4:21), por lo que es nuestro Modelo a seguir tocante a vivir en esa realidad diáfana.

Pero en una sociedad acostumbrada desde hace milenios a mentir, a no decir toda la verdad u ocultar los hechos “inconvenientes”, no es fácil vivir de acuerdo con la verdad, porque hay muchos incentivos a la “buena mentira”. El mandamiento confronta cuanto se acepta como normal en la sociedad moderna, v.g. solemnes promesas matrimoniales rotas, contratos bancarios o laborales cuya “letra pequeña” contradice o invalida lo que se contrata, promesas electorales que no se cumplen, tratados de paz o de no-agresión que se rompen, o quedan sin efecto en pocas horas (caso de la guerra de Bosnia). En una encuesta en los EE.UU. el 70% contestaban que sus líderes les engañaban continuamente, y no creemos que la situación en Europa sea diferente.

II. ¿POR QUÉ HEMOS DE SER VERACES?

El noveno mandamiento tenía que ver especialmente con los procesos legales, como se ve en varios de los textos citados arriba (comp. Salmo 24:4), para defender los derechos de los débiles e inocentes, pero por extensión se aplica a todas las relaciones interpersonales. Prohíbe la difamación, el perjurio y la mentira, o sea, la crítica destructiva, porque tal conducta “mata” el buen nombre y el honor del prójimo, lo cual quiere decir que tácitamente el mandamiento reconoce y protege estos derechos. Podemos deducir cuatro razones principales para contestar esta pregunta:

1. Como mencionamos en la Introducción, Dios ES la Verdad absoluta y hemos de amoldar nuestras vidas sobre Él, tanto en amor (Mt.5:48), como en verdad (=fidelidad, 2 Co.1:20). Esto implica que hayamos de ser personas de cuyas palabras y promesas se puede confiar plenamente (Stg.5:12). Dios aborrece la mentira en todas sus formas y por esa razón su pueblo tiene que alejarse de ella (Pro.6:16-19; 12:22). El caso del juicio sumario anunciado contra Acab y su reina Jezabel por apropiarse ilegalmente, por medio de testigos falsos, de la herencia de Nabot, muestra claramente lo que el Señor piensa del quebrantamiento flagrante de este mandamiento (1 R.21:13).

Puedes seguir leyendo este Estudio o bajártelo en formato PDF en este enlace.

Última actualización el Sábado, 06 de Junio de 2020 12:09
 
© 2020 1ª Iglesia Cristiana Evangélica de Colmenar Viejo (Madrid - España)
Joomla! is Free Software released under the GNU General Public License.