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Lunes, 11 de Mayo de 2020 11:59

LOS DIEZ MANDAMIENTOS (X)

EL OCTAVO MANDAMIENTO: NO HURTARÁS

ESTUDIO Nº 83

por  PABLO WICKHAM

(Publicado en la revista EDIFICACIÓN CRISTIANA, Enero - Febrero 2013. Nº 257. Permitida la reproducción total o parcial de esta publicación, siempre que se cite su procedencia y autor.)

LECTURAS: Ex.20:15; Deut.5:19; Lev.19:11-13

I. INTRODUCCIÓN.

1.- ¿Qué es hurtar?

A primera vista, la respuesta es fácil: quitar a alguien algo que le pertenece en contra de su voluntad. En todas las culturas y épocas este delito ha sido y es penado con menor o mayor severidad, desde las irrisorias multas de hoy en día, hasta la ley sharia musulmán, que corta la mano al ladrón, o las bárbaras leyes británicas del siglo XVIII, que ahorcaban a los cazadores furtivos. Es uno de los delitos más comunes en nuestro “civilizado” mundo, hasta tal punto que según las estadísticas de varios países occidentales, un porcentaje considerable de la población admite que lo ha cometido una o más veces. El dicho popular “Todo el mundo lo hace” parece justificarlo todo.

Pero abarca mucho más que el ladronicio o pequeño hurto. Lo comete quien sisa materiales de la oficina donde trabaja, o no paga a sus trabajadores lo suficiente o atrasa sus pagos, o el viajante comercial que engorda su cuenta de gastos, o pone precios abusivos a los productos que vende. También hurta quien evita pagar un billete de metro o autobús, o hace copias ilegales de originales con copyright, u omite datos negativos en su Declaración de Renta, o usa “chuletas” en un examen, y un largo etcétera.

2. Lo que implica

Comenta Edith Schaeffer: “(El mandamiento) quiere decir que hay legítimamente cosas que nos pertenecen y que alguien podría robar. Por lo tanto, (hay) un derecho legítimo a la posesión de ciertas cosas” (op. cit. pág. 47). La posesión de algo tiene dos facetas: la relación de una persona con las cosas que posee, y el derecho de usar y disfrutar de ellas. Algo va muy mal cuando se invierten los términos y se antepone el derecho de la posesión y el disfrute a la correcta relación con los bienes; equivale a usurpar el derecho del propietario legítimo.

El octavo mandamiento reconoce que el hombre, hecho a la imagen y semejanza de Dios, ha recibido del Creador ese derecho a poseer y usar ciertas cosas, entre ellas su propia persona, lo cual excluye el secuestro y la esclavitud en cualquiera de sus formas. Y entre las posesiones del hombre otorgados por el Creador se encuentra el derecho a ganarse la vida con su trabajo, y eso, ¡milenios antes de la Carta de la ONU! Son derechos consustanciales a la naturaleza del hombre, son como una extensión de su persona, y por eso, el atentar contra ellas es atentar contra el mismo dueño.

Esos derechos conllevan el correspondiente deber de reconocer y respetar las posesiones y el derecho de disfrute de las demás personas, por lo que las Escrituras no solo condenan sin paliativos el quebrantamiento de este mandamiento, sino demandan la inmediata retribución por delito cometido (Éxodo 22:1-15; Números 5:7; etc., y comparar Lucas 19:8).

Última actualización el Lunes, 11 de Mayo de 2020 12:45
 
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