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Testimonio de Don Eric Bermejo PDF Imprimir E-mail
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Martes, 01 de Diciembre de 2020 19:30

= VIDAS TRANSFORMADAS =

TESTIMONIO: DON ERIC RAPHAEL BERMEJO (1931-2019)

por STUART PARK

(Publicado en la revista EDIFICACIÓN CRISTIANA, Septiembre - Octubre 2019. Nº 290. Permitida la reproducción total o parcial de esta publicación, siempre que se cite su procedencia y autor.)

‘Don Eric’ –así le llamaban en la iglesia de Valladolid donde ejerció un ministerio fructífero durante 16 años hasta 1976–, será recordado siempre como un obrero comprometido, apasionado, infatigable e inspirador, con una fuente inagotable de anécdotas a cuál más graciosa, y un gran sentido del humor. Misionero, evangelista, maestro y pastor, dejó una marca indeleble allí por donde pasó, y fue activo hasta los últimos momentos de su peregrinaje terrenal. Pude asistir al culto memorial celebrado el 6 de Junio del 2019 en la ciudad inglesa de Bath, donde se rindió un sentido homenaje a un personaje
único en la reciente historia evangélica de España.

Don Eric nació el 20 de Marzo de 1931 en Gijón, y creció en tierras castellanas, donde sus padres, Eric Gabriel y Lydie, trabajaban como misioneros. Su padre murió repentinamente a los 41 años de edad, dejando a Lydie y sus tres hijos, Eric con 5 años y dos hermanas menores, Anita y Alicia. La familia se trasladó a Crewkerne, en el condado inglés de Somerset, donde Eric ingresó en el instituto local y asistió a la Asamblea de Hermanos ubicada en frente de su casa. Durante la Guerra fue objetor de conciencia, trabajando la tierra en granjas del condado, una experiencia que recordaría con satisfacción.

Pasados unos años Eric se trasladó a la capital donde se colocó en la compañía naviera P&O en la city londinense. Sus hermanas estudiaban enfermería en el London Hospital en Whitechapel, donde coincidieron con varias primas de la familia Barnardo. En un encuentro de la Unión Cristiana, Eric conoció a Inga, que se había refugiado en Inglaterra cuando su familia cayó víctima del holocausto en Alemania.

Un año más tarde la pareja formalizó su compromiso en lo alto de un hermoso acantilado en el idílico pueblo de Beer (el mismo donde fue bautizado D. Ernesto Trenchard, si no recuerdo mal). Se casaron y fueron a vivir en el barrio londinense de Harrow on the Hill, donde Eric sintió la llamada del Señor a la obra misionera en España. Encomendada por la asamblea local, la joven familia, a la que se habían añadido dos hijas nacidas en Harrow, Susanne y Mery, se trasladó a España donde Don Eric fue invitado por el veterano misionero inglés, Federico H. Gray, a dar continuidad a su ministerio en Valladolid, en 1959.

Desde Valladolid, donde ocupó el cargo de anciano, Don Eric desarrolló un amplio ministerio a lo largo y ancho del país, organizando campamentos evangelísticos de verano con la ayuda de equipos de OM, y en Toro en la provincia de Zamora se celebró durante varios años un rico ministerio de exposición bíblica a cargo de David Gooding. En 1976 la familia Bermejo regresó a Inglaterra por motivos familiares, concretamente a Sevenoaks en el condado de Kent, donde residían Anita y su marido Geoff., que apoyaban su ministerio desde Vine Hall, la asamblea local.

A partir de entonces Don Eric viajó con frecuencia a España para dirigir campamentos, con la ayuda de sus buenos amigos y colaboradores Joan Galcerá en La Granja, y Álvaro Figueirido en Panjón, y visitar iglesias por todo el país. Los hijos, que incluían ahora a Timothy, Andrew y Rebecca, ya crecidos, se dispersaron por el Reino Unido y España, y Eric e Inga decidieron trasladarse a Bath, estableciendo al tiempo una base de operaciones en el norte de la provincia de Madrid. En esa época cumplió uno de sus sueños, la fundación de un centro bíblico en El Centenillo en la provincia de Jaén, donde pudo recibir y formar jóvenes para el ministerio.

En los últimos tiempos el deterioro de la salud de Inga limitó sus actividades, y Don Eric se dedicó a producir material evangelístico y a cuidar de su esposa. Cuando el Señor le llamó a su presencia, el matrimonio contaba con cinco hijos, con sus respectivos esposos, catorce nietos y cuatro bisnietos, con uno más de camino. En los últimos días de su vida expresó su amor por la familia y un deseo profundo de estar en la presencia de su Señor.

Colofón

Todos los que conocieron a Don Eric reconocerán el perfil que hemos trazado aquí, y lo podrán ensanchar con su experiencia personal. Los datos biográficos han sido proporcionados por Timoteo, y una versión ampliada fue leída por Rebecca en el culto celebrado en Bath. Mi propia relación con Don Eric precisa de una breve explicación. Durante una de las campañas de verano de OM a finales de los 60 coincidí con Dña. María San León –hermana del admirado Mariano San León (1898-1963), poeta, educador y expositor salmantino afincado en Valladolid–, a quien llevamos a Madrid en uno de los vehículos de OM (que por supuesto se averió en el camino). «¿Conoce Ud. a Don Eric?» –me preguntó–. «¿No? Entonces tiene que ir a visitarle en Valladolid». Y así hice.

Volví a coincidir con él y con David Gooding en la sede de OM en Madrid en la primavera de 1970. En el verano de 1971 mi esposa Verna y yo nos trasladamos primero a Nueva York, luego a Philadelphia en EE. UU. En 1974 viajé hasta Toro, donde Don Eric me propuso colaborar en la obra en Valladolid cuando regresáramos a España. En 1976 acordamos trasladarnos a Valladolid, con la idea de reunirnos
previamente en Sevenoaks antes de dar el salto a España. Allí nos comunicó que había tomado la decisión de permanecer en Inglaterra, dándonos la opción de instalarnos en Valladolid, o cambiar de planes. El resto es historia, y vivimos en la antigua casa de la familia Bermejo en Valladolid desde hace ya 43 años.

EN MEMORIA DE MI AMIGO ERIC

Por JOAN GALCERÁ

Hablar y escribir de Eric Bermejo es un sumo privilegio que Dios me ha concedido. Los que hemos conocido y colaborado con él, hemos sido enormemente bendecidos. Sus estudios, su conocimiento de las Escrituras, nos han animado a muchos a estudiar la Palabra. Su comprensión de los españoles era que estábamos influidos por el catolicismo romano. Nos enseñó a huir de Babilonia, a conocer al
verdadero Dios, a ver la Palabra como la luz que alumbra nuestro camino. Con él tuve el privilegio de compartir las campañas y estudios en Toro, en los años 70, y a codirigir las convenciones bíblicas en La Granja, desde al año 1981 hasta los primeros años del nuevo milenio. Y, personalmente, recuerdo todo lo compartido también en Valladolid y en sus visitas a Barcelona. Dios me dio el privilegio, mayor que el de escribir sobre él: el de haber compartido con nuestras familias momentos inolvidables, momentos que tienen un valor eterno. Como eterno es su gozo ahora, tras una amplia y generosa entrada en los cielos.

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Última actualización el Martes, 01 de Diciembre de 2020 19:40
 
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