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Viernes, 02 de Abril de 2021 11:54

¿EXISTE EL INFIERNO?

1ª PARTE

ESTUDIO Nº 88

por PEDRO PUIVERT

(Publicado en la revista EDIFICACIÓN CRISTIANA, Mayo - Agosto 2011. Nº 249. Época X. Permitida la reproducción total o parcial de esta publicación, siempre que se cite su procedencia y autor.)

Al formular la pregunta en presente estamos situándola en el marco de la escatología personal y pensando quizá en un lugar, o en un estado, al cual van a parar las almas de los que mueren sin Cristo en el período intermedio. Pero la Biblia tiene para este caso los términos “Seol y Hades”, mientras que “infierno” se reserva para el estado eterno. Como dice el teólogo Hans Bietenhard: “Desde el punto de vista del N.T. el infierno como lugar de tormento aparece solo después del juicio final. Pero como consecuencia de la irrupción de ideas extrabíblicas en la doctrina cristiana, la metafísica atemporal sustituyó a la escatología: el lugar futuro de tormento se convirtió en el más allá: el alma inmortal recibe inmediatamente tras la muerte su sentencia y, en caso de ser hallada culpable, el castigo comienza enseguida. Tarea de la predicación será, por tanto, aclarar el contenido de los conceptos bíblicos en contra de todos los disparates tradicionales; deberá mostrar,
ante todo, que en la Biblia son cosas distintas reino de los muertos e infierno¹.

¿Presente o futuro?
Por eso propongo para empezar un cambio en la formulación de la pregunta modificando el presente por el futuro del verbo: ¿Existirá el infierno? independientemente que exista en la mente y el propósito de Dios, el infierno como lugar de tormento para los impíos es la contrapartida de los cielos nuevos y la tierra nueva como lugar eterno de bienaventuranza para los justos. La confusión entre estado intermedio y estado eterno en relación con el infierno está fomentada por traducciones católicas de la Biblia que vierten Mateo 16:18b “y las puertas del infierno no evalecerán contra ella”, mientras el griego tiene Hades; así como el Credo Apostólico que dice de Cristo que “descendió a los infiernos”, una referencia errónea a Efesios 4:9 (el griego dice “katoteros”) y quizá a 1 Pedro 3:19. Influido por el Credo y por Joachím Jeremías, el jesuita Cándido Pozo dice “que tenemos que hacer una salvedad de textos, como Lucas 16:19-31, que afirman la existencia de auténtico infierno ya en la escatología intermedia²”. El argumento empleado es que Lucas usa Hades en lugar de Gehenna y de esto extrae que ambos términos son interercambiables, cuando la distinción es precisamente lo significativo y no la identificación.

Significado del término Gehenna
Gehenna es la palabra griega que se traduce por infierno. No aparece en la Septuaginta ni en la literatura griega. Se trata de una grecización del arameo gehinnam que, a su vez, procede del hebreo gehinnom. El término se refería originariamente a un valle al sur de Jerusalén, el “valle del hijo, o de los hijos, de Hinom (Jos.15:8; 18:16; Is.31:9; 2 Cr.33:6). En este valle se había rendido culto a Baal Melek o Molok. El rey Acab habría sido el primero en hacer pasar allí a sus hijos por el fuego en honor de la falsa divinidad (2 Ry.16:3; II Cr.28:3), así como Manasés (2 Ry.21:6), siendo este culto una de las causas del castigo de Judá (Jer.32:35). El nombre del valle (Hinom) es una alusión al nombre del antiguo propietario jebuseo. Según parece, Hinom significa “gemido” con lo que GeHinom (valle de Hinom) tuvo pronto la resonancia simbólica de “valle del gemido” y podría ser que Jeremías aludiera a esta resonancia en su predicación profética de manera paralela a como lo había hecho Isaías (Jr.7:31-33; 19:4-7; Is.66:24). De ahí que “también este valle se transformó en un símbolo del pecado y la miseria, razón por la que la palabra Gehenna llegó a ser usada como designación para el fuego escatológico del infierno y para el lugar del castigo final”³. Más adelante este lugar fue profanado por el rey Josías cuando emprendió la reforma religiosa y lo convirtió en un estercolero al que iba a parar la basura de Jerusalén, los cadáveres impuros, así como los animales que morían. Posteriormente recibió el nombre de Tofet (lugar de cremación, quemadero o
“inmundicia”) siendo considerado un lugar inmundo. Al haber predicho Jeremías que Dios iba a juzgar este lugar, en el futuro sería conocido como “Valle de la Matanza” (Jr.7:32). No es extraño que con todas estas ideas fuera considerado como un símbolo del castigo eterno y como veremos
más adelante Jesús usó esta expresión para referirse a la condenación eterna de los impíos.

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Última actualización el Viernes, 02 de Abril de 2021 12:18
 
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